Todavía se siguen contando los votos. Después de seis meses de un gobierno interino, sin acuerdos y, por lo tanto, sin gobernar. Los políticos han podido poner pausa sobre 46 millones de habitantes.

El resultado ha sido de “suma cero”, y para el principal organizador de esta vuelta a las urnas el panorama aún más complejo. España está cada vez más fragmentada, donde los intereses locales y las ideas más extremas cobran fuerza. Por un lado los partidos nacionalistas crecen en relevancia y por otro surgen extremos como los anti-sistema o bien los de extrema derecha. Acordar se vuelve casi imposible, ya que no hay “socios” idóneos para un pacto. La desaparición del centro, en especial Ciudadanos, hace muy complejo el armado de bloques.

Conjugar intereses que van más allá de una postura de izquierda o derecha es casi imposible, y es que algunos van en contra de la existencia misma de las instituciones donde se plasman, por ejemplo, los independentistas en el congreso de diputados o bien los anti-sistema.

España, después de tener un breve período de recuperación económica, llega tarde de nuevo. Aun no despega y ya enfrenta la nueva recesión. Todavía millones de españoles en paro, miles de industrias aún en re-estructuración o bien en concurso mercantil, cuando se avizora la nueva crisis, de la que escribía aquí.

Este bloqueo político se da justo cuando más se necesita de un estado que orqueste la estrategia para afrontar la crisis. Con tasas de interés a cero y un nivel de liquidez brutal no existe espacio para la política monetaria. Y es que las familias se han desapalancado y nada parece hacerlas cambiar de tendencia (hay un olor a desconfianza), por el lado de las empresas no es claro dónde invertir, así el dinero tenga un costo muy bajo.

Es justo aquí el papel del estado, abriendo nuevos espacios a través del gasto público o de los incentivos fiscales a las familias y empresas. Independientemente que se pueda gestar un gobierno, más por cansancio que por voluntad real, no está claro como coordinar los esfuerzos para aprovechar de mejor forma el fuelle del impulso público.

España requiere del gran acuerdo de centro. Tal vez un regreso a un bi-partidismo y que pare ello se reconozcan acuerdos trasversales. Es un giro que permitiría demostrar al PSOE y al PP su vigencia, un acuerdo con el cual se “sacudirían” a partidos que han llenado espacios que eran suyos.

Un gran acuerdo para el crecimiento podría dar el gobierno al PSOE, pero sin duda fortalecería al PP, reconociendo que son ellos quienes pueden gobernar en España para la mayoría, a veces a la izquierda o a veces a la derecha. Desgraciadamente todo apunta a un efímero acuerdo entre Podemos y el PSOE, sin embargo, se tendrán que vincular con los partidos independentistas, los cuales traen el veneno consigo. No extraña que dentro de este acuerdo se plasme la posibilidad de la autodeterminación catalana.

Siendo positivos, esperamos que la izquierda, de formar gobierno, pueda esta vez afrontar la desaceleración, tomando las medidas correctas en los tiempos adecuados. Es decir… ¡hoy!

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