Una breve reseña sobre The Uninhabitable Earth. Life after warming, el nuevo libro de David Wallace-Wells.

El pasado diciembre tuve la oportunidad de asistir a la desairada COP25, un ambiente poco favorable y con escaso liderazgo. Creo que para mucha gente no es claro en donde estamos respecto al cambio climático. Recientemente han salido cientos de estudios con mayor o menor nivel de rigor. Esta escalada ha generado para los no expertos (como yo) una nebulosa que nos hace perder el foco.

Tenía tiempo buscando alguna lectura que pudiese situarme y fuese una buena recopilación de estos avances científicos y que mostrase las implicaciones en el corto y mediano plazo. The Uninhabitable Earth logra precisamente eso, el problema es que ya para el capítulo segundo se vuelve un libro de terror. Creo que es fundamental el dimensionar realmente lo que implica para el futuro cercano los impactos que tiene el cambio climático, para lo cual el libro es muy explícito.

Nos encontramos en un momento en el cual nunca la humanidad ha tenido tantos “satisfactores”. Especialmente en el mundo desarrollado gozamos de acceso amplio a bienes y servicios, de los cuales no imaginamos el consumo de energía que implican. Lo que ha llevado a que la mitad del carbono  emitido en la atmósfera por la quema de combustibles fósiles provenga de los últimos 30 años, dejando al protocolo de Kioto (y toda su parafernalia), sin efecto. La meta del Acuerdo de París de contener el calentamiento global en un rango NO superior a dos grados es ya imposible de lograr. Los reportes del IPCC (UN Intergovernmental Panel on Climate Change) ya hablan de 4.5 grados (nivel para el cual los efectos son catastróficos, ver más adelante).

Si bien estas predicciones se hacen para el cierre del Siglo, en el inter alcanzaremos un “new normal” respecto a catástrofes climáticas, de hecho, empezaremos a cruzar el punto del final de la normalidad del clima en la Tierra en los siguientes 30 años. El autor pide que dejemos de llamarlos desastres naturales. Ya que a partir de ahora mucho de lo que viviremos poco tienen que ver con la naturaleza y más bien con el efecto del hombre.

Un punto central del libro es la descripción de los llamados “feedbacks”. Es decir, procesos que son detonados por otros y a su vez aceleran los problemas del calentamiento global. Más adelante comentaré algunos. Sin embargo, tan sólo pensemos que debajo del hielo que se está derritiendo la tierra ha guardado millones de toneladas de metano, el cual podría liberarse. Es decir, el deshielo no sólo implica que Miami Beach pueda quedar bajo el agua, sino que la liberación del metano acelerará el calentamiento de la Tierra aún más.

Para la discusión que yo buscaba, la sección II del libro es perfecta (Elements of Chaos). Arriba de los cuatro grados muchas partes del planeta serán inhabitables, por ejemplo la mayor parte de la India, el Medio Oriente o el sur de Estados Unidos. Arabia Saudita hoy quema 700,000 barriles de petróleo sólo para mantener los equipos de aíre acondicionado, estos equipos a nivel mundial ya representan el 10% del consumo en energía eléctrica en el mundo, mismo que irá subiendo (más calor, más consumo, generando a su vez más calor).

El cambio en el clima tendrá efectos devastadores en los rendimientos agrícolas, incluso con relaciones de -10% de rendimiento por cada grado que se suba la temperatura. Los “graneros” de hoy dejarán de ser productivos y algunos opinan que tal vez se podrán intercambiar por otras zonas en la tierra, ahora más adecuadas, por ejemplo Groenlandia, pero el tema es que si bien el clima podría ser óptimo, los suelos requerirán cientos de años para poder obtener los nutrientes necesarios para volverse productivos. El clima extremo generará sequías cada vez más brutales, así como inundaciones, todo esto afectando millones de hectáreas de cultivo cada año. Por otro lado, con mayor contenido de carbono, las plantas tienden a generar hojas más gruesas, las cuales absorben menos CO2. También viene el problema con las plagas, que con mayor calor y humedad migrarán de los trópicos a las zonas actuales de cultivo.

La meta del Acuerdo de Paris (dos grados) implica un incremento en al menos dos metros en el nivel del mar, en este escenario millones de hogares en China, Estados Unidos, India, Bangladesh quedarán sujetos a inundaciones (ciudades como Miami, Manhattan, Londres, Shangai, Bangkok y Mumbai se inundarán), esto en los siguientes 15 o 20 años. Recordemos que este escenario es de sólo un incremento en dos grados, sin embargo la trayectoria del clima hoy nos lleva a al menos cuatro grados.

El deshielo, además de aumentar el nivel del mar podría generar uno de los “feedbacks” más graves. Debajo del hielo existen grandes cantidades de metano que podrían liberarse, se estima en 1.8 trillones de toneladas de carbono, equivalente al que hoy está suspendido en la atmósfera. Si bien este efecto esta poco estudiado, podría ser catastrófico, acelerando de forma geométrica el proceso de calentamiento. Otro feedback, es el efecto “albedo”, al reducirse el hielo (que refleja el sol) la tierra inmediatamente absorberá más calor. Es como cuando vamos a una playa de arenas blancas vs una de arenas obscuras, la diferencia de temperatura es enorme entre las primeras y las segundas.

El aumento de las temperaturas ha traído consigo incendios forestales cada vez más devastadores. Esto produce a su vez otro “feedback” importante ya que al quemarse los árboles liberan el carbono almacenado por cientos de años. Los incendios podrían ser uno de los peligros más grandes para el calentamiento global, el gran incendio de Indonesia (1997) liberó 2.5 billones de toneladas de carbono (40% de las emisiones a nivel mundial). Se estima que la política de deforestación de Brasil podría agregar el equivalente de todas las emisiones de China y Estados Unidos.

La inestabilidad del clima genera que los “eventos” sean cada vez más catastróficos, por ejemplo, las llamadas “rain bombs”, derivadas de altas concentraciones de humedad, serán más frecuentes, si bien la humanidad tiene una alta capacidad de respuesta, al incrementarse la frecuencia generará un lastre económico insostenible. Nueva Orleans le tomó más de 10 años recuperarse de Katrina, imaginemos que un evento similar suceda cada 3 o 4 años y en 20 ciudades Americanas.

Estos efectos generarán un gran esfuerzo económico con “menos satisfactores”. Tendremos que trabajar más para llegar al mismo punto o mantener nuestro nivel de vida, carrera imposible; lo más probable es que entremos en una espiral de crecimiento negativo, por ejemplo el reciente derrame de diésel en el permafrost siberiano se debe a que el deshielo ha generado un colapso de la infraestructura. El país deberá revisar su infraestructura, incluyendo plantas nucleares, carreteras y puentes, entre otros. 

Además de poder respirar y comer, los seres humanos necesitamos agua. Sólo el 2% del agua del mundo es “dulce”, pero la mitad está en los glaciares. Por ende, tenemos 0.007% del agua para 7 mil millones de habitantes. Millones de personas hoy dependen del agua que se deshiela de las montañas, que pronto dejará de existir. Otro “feedback” identificado es el incremento de algas en los lagos (por el calentamiento), lo cual en exceso puede representar una amenaza, pues los “bllomings” no permiten que entre oxígeno generando concentraciones excesivas nitrógeno y fósforo, procedentes mayoritariamente de la actividad del hombre. Además, se han identificado grandes cantidades de metano.

El deshielo podría también desenterrar virus y bacterias atrapadas millones de años. En Alaska se ha descubierto “Gripe Española”, en Siberia Peste Bubónica. Más calor generará que en un futuro enfermedades como la malaria o el zika cambien su distribución hacia otras latitudes, lugares como Paris o Nueva York podrían presenciar estas enfermedades a mediano plazo.

Los océanos también están muriendo, por un lado, al absorber el carbono aumenta su acidez, generando efectos mayores de calentamiento. Otro efecto es la existencia de zonas en el océano “sin oxígeno”, ya que las aguas con mayor temperatura retienen menos oxígeno. Otro “feedback” importante es la teoría de que el “ocean conveyor belt”, o la corriente que mezcla los océanos y los mantiene frescos podría desacelerarse, generando muchos problemas (mareas, mas acidificación, concentraciones de sargazo, etc) entre otros mayor calentamiento.

Si me permite el lector, quisiera agregar algunas reflexiones que me quedan después de la lectura de este extraordinario libro.

Ante toda esta evidencia creo que muchos seguimos en la negación, no del cambio climático, sino esperando que como siempre la humanidad saque un as de la manga y resuelva. Somos una sociedad con un culto a la tecnología. Y como tal, esperamos que si nos puede facilitar cosas tan maravillosas como el TikTok es imposible que no nos saque de esta.

Todos pensamos que las granjas solares, los bellos campos verdes llenos de aerogeneradores o bien los TESLA del momento cambiarán el destino. Sin embargo, esto no es así. Si bien en algunos países desarrollados (principalmente Europa) se ha modificado el uso de combustibles fósiles (cambiando principalmente a gas…). Esto no es suficiente ya que por cada reducción que se hace de carbón o petróleo se suma el doble en otras zonas (por ejemplo China). Es claro que Europa necesita menos carbón, ya no produce nada… Todos los bienes que usamos, electrodomésticos, ropa, artículos diversos, etc., los mandamos a producir a China, pensamos que “ya somos verdes”. Sin embargo lo único que hemos hecho es un outsourcing de nuestras emisiones de carbono, sin permitir que esos países transiten necesariamente a energías limpias.

Esta falacia es probablemente el “feedback” más peligroso. Al engañarnos nos permitimos dormir tranquilos sin hacer nada. El “tótem tecnológico” nos cuida y algún Elon Musk cuando se aburra de llevarnos al espacio limpiará la tierra. Claramente, eso no pasará.

Nuestras tecnologías “verdes” aparentemente contaminan mucho más de los que pensamos, dejando una terrible huella de carbono. El nuevo documental de Michel Moore, aunque poco riguroso, ejemplifica perfectamente las fallas de las energías alternativas. Todos los insumos son además de altamente contaminantes, super intensivos en combustibles fósiles. El añadido a la capacidad instalada es limitado y en su mayoría debe complementarse con turbinas de gas. La capacidad de almacenamiento, es además de costosa contaminante (¡el litio no es verde!). Los paneles solares no están hechos de arena, son cuarzo en su mayoría (además de cobalto, grafito, níquel, sulfuros, etc), muy costoso de extraer. 

La mayoría de las plantas de energía a partir de biomasa hoy queman maderas, no sólo desperdicios. Ya que estos no tienen el suficiente contenido calórico, como los árboles. Así que quemar árboles para producir energía probablemente genera mucho más efectos negativos que solo usar combustóleo. Además las plantas de biomasa reciben subsidios por ser “verdes”.

El espejismo de las energías verdes probablemente esté haciendo más daño generando esta “cura para el alma”. El libro ejemplifica este dilema. Cada vez que hemos incrementado la capacidad con energías “limpias”, ésta es simplemente absorbida sin reducir el ritmo de consumo de combustibles fósiles. Imaginemos China, que en tres años ha consumido más concreto que Estados Unidos en todo el siglo XX.

Existen claramente estúpidos usos en la tecnología. Por ejemplo hoy estamos muy entusiasmados por los BITCOINS, sin embargo, el consumo de energía que se requiere es bestial. Miles de servidores para soportar algo que NO es útil a la humanidad, al parecer este consumo equivale a un millón de vuelos transatlánticos.

Un argumento en el libro que me parece fundamental, es la evidencia de que los ricos siguen contaminando más. Muchas veces asociamos la destrucción de la naturaleza con un campesino que quema el Amazonas. Pero es claro que quienes realmente generan impactos relevantes son el 10% de la población con más ingresos. Un ejemplo: si la población de Estados Unidos mantuviera un patrón de consumo similar al Europeo, su huella de carbono bajaría a la mitad. Tal parece que no es necesario regresar a las cavernas para combatir el calentamiento global. Tal vez con regresar a un nivel de consumo más sensato. Por ejemplo, dejar de comer carne. La tasa de conversión promedio es de 8:1, es decir, 8 kilos de alimento por uno de carne. Y sin contar el metano que emiten las vacas.

Tal vez, el dilema moral más grande será el “controlar” el patrón de desarrollo de países como China, India o Brasil, evitando a toda costa que “limiten” los patrones de consumo occidentales (y claro limitar también a los occidentales), por ejemplo, se estima que para 2050 China consumirá el triple de leche que hoy. Los alimentos procesados contribuyen a más de un tercio de todas emisiones.

Se intentó mediante los ya en desuso “bonos de carbono”, sin embargo, es tiempo de fiscalizar agresivamente al consumidor. La mayoría de los impuestos-beneficios están a nivel producción (fábricas, minas, etc), sin embargo hacia el futuro es necesario “contener” al consumidor. Urge un fuerte impuesto al consumo de carne y derivados, así como a la “fast fashion”, sabemos que ambos son un lujo y así debiesen considerarse. La movilidad no indispensable también debiese fiscalizarse de forma relevante. El coste de energía para ciertos sitios debiese ser mucho más alto. La sensación de entrar a un centro comercial o a una casa en Arizona en verano y sentir frio es absurda. Urge poner un impuesto a nuestros hábitos de consumo. Es inaceptable que un ciudadano de Estados Unidos tenga una huella de carbono del doble que en Europa.

Fiscalizar al consumidor tiene un efecto más importante, el reconocimiento, cada familia debe saber y medir el impacto que sus acciones inmediatas generan sobre el medio ambiente. No creo que esto genere mayor desigualdad, ya que por lo visto quienes más contaminan son los más ricos. Dejar encendido un aire acondicionado deberá ser un lujo extremo, crear un impuesto al ganado, que NO necesariamente afecte a los productores, sino sea de inmediato transferido al consumidor. 

Es urgente tomar medidas a nivel país-ciudadano, lo único que nos puede salvar esta vez va más allá de lo normal. Vivimos una pandemia, en la cual tuvimos que parar, muchos estamos reflexionando sobre el mundo, la vida, etc. Tal vez lo que hay que darnos cuenta es que nosotros somos la pandemia. La tierra como la conocemos ha sido un planeta muy cómodo para el ser humano. Eso se terminará en breve. Y si seguimos con la misma trayectoria, podría ser un terrible lugar para vivir.

It is okay, finally, to freak out.

1 COMENTARIO

  1. Verdaderamente interesante. Concuerdo con usted, hoy en día hay un rechazo de responsabilidades, creemos que nosotros no tenemos que hacer nada y nos quedamos esperando a ver quien si toma cartas en el asunto. Una buena alternativa es cada individuo se concientice y comience a adoptar pequeñas acciones que a la larga se traduzcan en un beneficio para el medio ambiente. E

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