Uno de los retos más relevantes de la sociedad es compatibilizar el avance de las nuevas tecnologías con el estado del bienestar. Esto no es fácil ya que uno de los pilares de los nuevos sectores o plataformas de innovación es la flexibilidad y el “desapego” de la infraestructura que las sostiene. Por ejemplo, Airbnb, la plataforma más grande de hospedaje no es propietaria (ni gestiona directamente) una sola habitación, o bien Uber no cuenta en su plantilla a ningún chofer. Y es claro que su éxito se basa en no integrarse de forma “tradicional”. Este cambio agarra totalmente desprevenidas a nuestras instituciones del bienestar.

Es innegable que estas plataformas han incrementado la productividad de muchos sectores y sobre todo han provisto al consumidor de nuevas opciones mucho más eficientes y económicas. En un domingo lluvioso el contar con Uber Eats y pedir una pizza puede resultar muy apetecible. Sin embargo, es necesario ver las implicaciones sociales que esto puede tener. Por ejemplo, el repartidor está llevando a cabo un trabajo en domingo por la noche, sin doble paga. Además de no contar con un seguro adecuado para el nivel de riesgo que toma al circular por la ciudad todo el día, muchas veces sin medidas apropiadas de seguridad.

Dos dilemas

Y aquí hay dos dilemas. Por un lado, el aumento de la productividad o bien ahorro de costes a costa de quien se cifra. Y por otro, el cómo compensamos esta precariedad laboral, tanto hoy o en el futuro.

Respecto al primer punto, es claro que el consumidor está recibiendo un beneficio al contar con un servicio nuevo en el mercado, sin embargo, gran parte de esta última milla se logra a costa del trabajador. Si imputáramos los costes reales de salario y seguridad social (incluidos seguros) tal vez optaríamos por poner pausa a la película y conducir nosotros a la pizzería. Es muy probable que esta renta extraída directamente del trabajador pase en gran medida a los beneficios de las plataformas.

La última milla es el reto que tienen muchas de las empresas más innovadoras del planeta. Es decir, mientras el mundo habla de servidores y aplicativos, al final es necesario cavar un hoyo en la tierra e introducir un cable para la fibra óptica. De igual forma, las grandes plataformas B2B o B2C requieren de un repartidor que físicamente entrega los pedidos a casa. Es decir, la última milla tiene “pinta de humano”.

Economía colaborativa

Es claro que la economía colaborativa en sí misma ofrece oportunidades magníficas para usar de mejor forma los activos y recursos de una sociedad. El espíritu inicial de Uber en aquel lejano 2008 estaba totalmente apegado a esta nueva economía del “sharing”, donde estudiantes, ejecutivos, madres, en sus tiempos libres podían ganar unos dólares extras usando sus vehículos (amortizando así impuestos, seguros, etc). Pocos choferes de aquel entonces dependían de Uber Cab como su principal fuente de ingresos.

Las grandes plataformas requieren de un repartidor que físicamente entrega los pedidos a casa. La última milla tiene “pinta de humano”. Click To Tweet

Hoy en la mayor parte de los países donde opera Uber los chóferes son 100% dedicados. Sin embargo, esto no necesariamente ha cambiado sus condiciones laborales, asumiendo ellos gran parte de la carga social de su empleo.

La vorágine de un sector super capitalista requiere para sí toda la flexibilidad y no puede asumir pasivos o contingencias de largo plazo. He aquí donde debemos hacer un alto en el camino y pensar que esta nueva economía nos esta extrayendo el presente sin dejar nada para mañana.

Esta economía no puede prever pensiones, enfermedades de vejez, seguros de invalidez, etc. Es más, en muchos sitios no cumple ni con el “ahora” sufragando de forma adecuada los costes de los seguros o bien la depreciación de los vehículos. Aun es pequeña, pero crece rápidamente por lo que habrá que atender los temas hoy. Se estima que en Europa y en Estados ocupa entre 200 y 400 mil personas (ver Research The sharing economy and the labour market de Josep Mestres Domènech, CaixaBank, 2018).

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¿El fin del empleo?

La economía colaborativa plantea “el fin del empleo”, un mundo donde todos seremos entrepreneurs. Pero como tales seremos esclavos de nuestros proveedores, los cuales cada vez tienen condiciones monopólicas y por ende extraen toda la renta disponible, dejando para nosotros un subempleo disfrazado (ver The “sharing” economy: labor, inequality, and social connection on for‐profit platforms de Juliet B. Schor and William Attwood‐Charles, 2017).

La última milla requiere humanizarse, requerimos distribuir de forma más equitativa los premios de la innovación. Es importante no confundir innovación con la evasión. No podemos reconocer un servicio o producto como benéfico para una sociedad si su espacio en el mercado se basa en un “dumping” generado al no reconocer las externalidades negativas que genera.

La economía colaborativa plantea “el fin del empleo”, un mundo donde todos seremos entrepreneurs. Click To Tweet

Es claro que hospedarse usando la oferta de Airbnb puede ser muy conveniente para el consumidor. Sin embargo, existen externalidades que se generan, o bien con los vecinos (que sufren molestias de ruido, seguridad, etc) o bien el mismo huésped al no contar con algunos aspectos indispensables de seguridad e higiene (por ejemplo, extintores, salidas de emergencia, etc) que sí sufragan hoteles tradicionales.

Hacia el futuro las sociedades debemos trabajar en identificar donde hay innovación, que debe premiarse, y donde hay evasión. Mucho se ha empezado a trabajar desde el punto de vista fiscal, ya que la mayoría de estas plataformas cuentan con estrategias fiscales que hacen muy compleja la “repatriación” de rentas hacia los mercados donde inciden. Sin embargo, considero que el tema laboral/social es también fundamental, donde podamos establecer parámetros mínimos que reflejen el costo real de cada producto o servicio. 

Creo que un dólar o dos, claramente no cubren los riesgos ni el esfuerzo que el “colaborador” de Uber Eats hace para entregarme una pizza un domingo lluvioso. Hay detrás mucho más que habrá que pagar.

1 COMENTARIO

  1. Tal vez estamos hipnotizados por tanta tecnólogia que ha desplazado el verdadero valor del ser humano. La deshumanización y el desenfreno por abarcar gran parte del Mercado hace que los valores queden relegados y solo prime la ganancia desmedida a costa del esfuerzo del otro .

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