No cabe duda que nos enfrentamos a otro proceso recesivo en las principales economías del mundo. Alemania ya con tres trimestres a la baja y en el caso de Estados Unidos afectada por una irracional guerra comercial, donde su economía ya nota signos de agotamiento.

Esta vez “la parte buena del ciclo” ha sido corta, especialmente en Europa, que ha tardado mucho en reactivarse después de la caída del 2008. Ha sido tan corto que aún se viven claramente las secuelas de la crisis, por ejemplo, niveles de desempleo aún muy altos, un sistema bancario débil, empresas aún en proceso de re-estructuración, etc.

El problema es cómo prepararse para afrontar otra vez la parte baja del ciclo cuando la estructura económica de los países aún no se recupera de la pasada crisis. Es como después de una ola enorme, salir finalmente a respirar para encontrarse justo con la siguiente.

Como en todo libro de texto aquí aparecen las recetas del buen actuar. Los gobiernos tienen dos herramientas (recetas y condimentos) para incidir en la economía: la política monetaria y la fiscal. En el caso de Europa, considero que la primera está totalmente agotada. Es muy complicado que ésta tenga efectos ya con tasas de interés negativas. De hecho seguir sobre este camino generaría muchas más distorsiones que beneficios. Es claro que no existe un problema de costo del dinero y mucho menos de liquidez. Esta crisis deviene de muchos otros factores, tales como la falta de oportunidades de inversión. Por ende, hoy es como si a los economistas europeos les hubiesen amputado un brazo, su política monetaria. Ya no hay condimentos para esta receta.

Por lo que para cocinar, el día de hoy, solo tenemos patatas y tomates! Nos queda la política fiscal. Donde sí pueden existir espacios relevantes. En la zona euro la lenta recuperación se la debemos en parte a un escaso uso de la política fiscal. Existe en el viejo continente un guardián fiscal (Alemania), el cual ha sido muy duro con todo aquel que ha querido relajar condicionantes fiscales. Desgraciadamente para los Alemanes (férreos enemigos de la inflación) hoy temen más a la deflación e incluso el banco central actúa cada vez tratando de generar inflación con liquidez.

En fin, estamos en una economía donde sólo nos queda una herramienta, la política fiscal (tal vez la más odiada por los economistas liberales) por lo que habrá que hacer un uso eficiente de ésta. La primera pregunta es definir el espacio que se tiene para su uso. La relación de Deuda a PIB en la zona euro es de 80%, que comparada con Japón (234%) es relativamente baja. Estados Unidos tiene una relación de 105% (misma que subió de un 70% al inicio de la pasada crisis).

Es más, la relación deuda a PIB en Alemania es de 60% y exceptuando a Italia (130%), el resto de los países “grandes” se encuentran por debajo del 100%. Sí existe un espacio de actuación. Ahora queda definir que recetas usar. En principio hay dos caminos: que gaste el gobierno o que gasten los ciudadanos y las empresas. Creo que una combinación adecuada de ambos ingredientes podría funcionar. Sin embargo, existe un ingrediente muy escaso hoy en día en Europa, que es la coordinación política para actuar.

Tal vez por esa misma razón se haya concurrido mucho más a la política monetaria en el pasado, ya que esta no requiere de tantos acuerdos a nivel nacional y regional.

Hoy Europa está más fragmentada que nunca. España por ejemplo lleva años sin poder formar un gobierno efectivo. Tan sólo este 10 de Noviembre se ha llevado a cabo unas segundas elecciones en seis meses al no poder crear los consensos suficientes para crear un gobierno.

La política fiscal requiere como premisa los acuerdos políticos. Es decir, a quien le voy a quitar impuestos y a quien le voy a cobrar más impuestos. Es señalar directamente al ciudadano y marcarlo, asumiendo el costo político de dicha decisión. Por contrapartida, la política monetaria, las tasas de interés, la inflación, la liquidez, los bonos, etc…. esconden para el ciudadano de a pie a los ganadores y perdedores. No así la política fiscal. Donde va a ir un tren y a quienes beneficia, que puerto recibirá más o menos ayudas, que productos agrícolas seguimos subsidiando, seguimos apoyando a las armadoras de autos, etc. La política fiscal es clara. Por eso es difícil para los políticos, especialmente aquellos que no cuentan con liderazgos sólidos para vender a sus votantes no solo las ganancias, sino para que los perdedores les sigan votando.

Que queda…. esperar que Europa fracase, que sus políticos se enfrasquen en luchas pírricas por la nada. Yo creo que Europa le restan algunas opciones, no muchas, pero una de estas es unificar el esfuerzo social hacia una causa donde todos se puedan sumar. Y una de estas causas podría ser el cambio climático.

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Prácticamente todos los partidos políticos europeos lo tienen asumido en sus plataformas y programas. Además en la sociedad en su conjunto existe un notorio compromiso, mismo que se refleja en el actuar cotidiano (esto no es así en el grueso de la población americana que difícilmente cambiarían sus patrones de consumo u otros hábitos en favor del medio ambiente).

Considero que la gran política fiscal que permita sacar a Europa del estancamiento es la Transición Energética. Es un cúmulo de medidas, inversiones, subsidios, apoyos de forma transversal que puedan lograr un cambio en el modelo energético de las economías europeas. Esta política es transversal, es decir, habría apoyos para familias más desprotegidas para que adquieran (o reciban del gobierno) nuevas tecnologías y así gasten menos en energía (calefacción, electricidad, etc), o bien subsidios para grandes multinacionales para que aceleren los procesos de innovación, o bien decidan cambiar de plataformas energéticas hacia las renovables. Es una política fiscal que puede tener una cara a nivel continente, región y localidad. Que va con los más desprotegidos hasta las multinacionales. Es políticamente fácil de vender.

Ya Alemania puso un ejemplo y lanzó un plan con 54 mil millones de euros para en inversiones en energía, transporte, innovación, etc. El objetivo de dichas inversiones es alcanzar una reducción del 55 % de las emisiones de CO2 (con respecto a 1990).  Este acuerdo se logró entre los grupos de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y del Partido Socialdemócrata (SPD).

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Ese es un pequeño avance, sin embargo, es necesario re-expresar este acuerdo a nivel de la Unión Europea. Es claro que el programa alemán no llega ni al 2% del PIB y que para que esto fuese una herramienta contra-cíclica tendríamos que al menos triplicar esta inversión por un periodo de 3-5 años. Con estas medidas, la deuda sobre PIB en Alemania no superaría un 80% y los efectos en el largo plazo en estas economías serían extraordinarios.

Imaginemos el abanico de alternativas y nuevos productos que surgirían de este proceso acelerado de Transición Energética, no solo para Europa, sino a nivel global. Esto realmente daría pie a una nueva economía del medio ambiente. A los políticos les salvará la cara y podrán justificarse, por el bien de la madre tierra!.

Ante la adversidad, el clima nos salvará.

It’s the climate change, stupid.

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