Para cualquier economista, independientemente de su formación, el crédito es fundamental para el funcionamiento de una economía. Por ello, el asegurar que fluya constantemente debe ser prioridad de política pública.

En estas épocas de gran incertidumbre, las entidades financieras tienden a ser especialmente cuidadosas. Ya que, en primera instancia, deben analizar el perfil de riesgo de los activos que tienen y, en segundo plano, establecer criterios más conservadores para las nuevas operaciones. Una mayor aversión al riesgo podría generar una bajada en el flujo del crédito afectando aún más el desempeño de la economía. Esta espiral de toma de riesgos es común y en muchos casos es la fuente de las grandes crisis.

Afortunadamente el sistema financiero en México previo al surgimiento de la pandemia se encontraba muy sólido. El Índice de Capitalización (capital neto/activos sujetos a riesgo) superaba en marzo el 16%, por arriba del 11% se considera “adecuado”. Incluso con la abrupta caída en la economía, para finales del 2020 este ha subido a 17.2%, mostrando la fortaleza del sector. A pesar de esta solidez, los bancos se preparan para posibles impactos negativos durante 2021. De hecho la morosidad del sistema ha subido un 20% en los últimos tres meses, teniendo que agregar casi 58 mil millones en reservas en el periodo septiembre-noviembre del 2020 (un incremento del 50%).

Una situación compleja

Podríamos decir que la situación es compleja, pero de ninguna forma tomó desprevenidos a la mayoría de los bancos. Tal vez por eso la Secretaría de Hacienda no debe estar preocupada por la salud del sistema bancario, salvo pequeñas excepciones. Otra cosa es la capacidad de éste para seguir apoyando a la economía y aquí es donde observamos señales preocupantes. De marzo a noviembre hay una disminución de un 5% en el saldo del crédito del sistema bancario. Puede parecer poco, pero son 265 mil millones, un 1.5% del PIB. El crédito a empresas que representa más del 50% de la cartera fue de los más afectados, con una disminución de casi 12%.

Estas cifras contrastan con los pocos apoyos del gobierno. Por ejemplo, los programas de micro-créditos no suman ni el 1% de la caída en el financiamiento bancario. Por otro lado, los instrumentos desarrollados por el Banco de México para dotar de liquidez y promover el financiamiento no han sido atractivos dado el momento en el que nos encontramos (el sistema no tiene un problema de liquidez, sino de percepción de riesgo). 

pedro valdez valderrama-credito para crecer

Es claro, que para cada momento económico es necesario desplegar instrumentos de política adhoc, sobre todo entendiendo las necesidades de los agentes. Por ejemplo, en años pasados, la banca era muy sensible a la rentabilidad. En entornos poco volátiles, la información de riesgos era suficiente y valida, por lo que el crédito fluyo sin necesidad de ningún estímulo u apoyo. Y el estado de resultados de los bancos era preponderante en la gestión de la entidad.

Hoy en día, el riesgo y sobre todo la asimetría en información genera una actitud conservadora y se decide “apilar” capital. Lo vemos cuando en medio de la pandemia los bancos suben sus niveles de ICAP reduciendo el crédito. No es problema de liquidez (o de estado de resultados/rentabilidad), es un problema de incapacidad de darle el precio correcto al riesgo. Además de una necesidad de mostrar una solidez a los mercados, fortaleciendo el balance.

El balance de los bancos

Por lo anterior, cualquier política que quiera reactivar el crédito debe enfocarse en el balance de los bancos. En especial en el consumo/ahorro de capital, por lo que la liberación de riego es fundamental. Me parece interesante en este punto volver a una nota anterior cuando hablamos de mecanismos de intervención en los mercados de crédito.

Cualquier política que quiera reactivar el crédito debe enfocarse en el balance de los bancos. Click To Tweet

En este entorno, la política monetaria debe estar coordinada con la fiscal. De no ser así probablemente los efectos de ambas serán menores. Por ejemplo, la baja en la tasa de interés podría no generar impacto en el flujo de financiamiento a la economía real. En cambio si ésta la combinamos con un apoyo en la mitigación del riesgo (con garantías, política fiscal) si tendría un buen efecto.

El racionamiento de crédito afecta a los más débiles. Puesto que uno de los mecanismos más recurridos por la banca en situaciones de crisis es la “sobre-colateralización” de los préstamos como medida de mitigación de riesgos. Sin embargo, esto genera profundas desigualdades, ya que sólo los agentes con mayor “riqueza” pueden acceder al financiamiento, profundizando así la concentración del ingreso en el país. Sin un acompañamiento de política, los beneficios de las bajas tasas de interés lo tendrán los agentes más ricos, con acceso al financiamiento barato. Hablamos en esta otra nota anterior sobre el efecto que esto tiene en algunos sectores, irremediablemente acelerando los procesos de concentración de la riqueza.

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Una prioridad clara

Es prioridad asegurar que siga fluyendo el crédito a los sectores económicos. Hoy ya nos queda claro que los efectos de la pandemia durarán muchos meses más. Por lo que el gobierno debe evitar que problemas de liquidez se vuelvan problemas de solvencia (tanto para empresas como en las familias) generando un contagio hacia el sistema bancario.

Timothy F. Geithner, ex Secretario del Tesoro con Obama, narra cómo fue fundamental durante la crisis del 2008 el evitar que dejara de fluir el crédito en el sistema financiero. Tuvo un costo alto, pero al final de cuentas permitió que la economía norteamericana tuviese un “rebote” y se recuperara mucho más rápido que otros países, por ejemplo Europa. Como bien nos explica el propio Geithner en su libro Stress Test, Reflections on Financial Crisis.

En el caso de México, creo que no es tarde para activar la política fiscal. De hecho, creo que es justo el momento. Click To Tweet

En el caso de México, creo que no es tarde para activar la política fiscal. De hecho, creo que es justo el momento en el que se podría reactivar el crédito a las empresas y al menos recuperar parte de los 260 mil millones “perdidos”. Un programa de garantías de entre 25 a 30 mil millones podría apuntalar una recuperación de esa magnitud. 

Hoy el nivel de asimetría en la información para tomar decisiones crediticias es MUY alto. El gobierno podría apoyar para que los bancos sigan andando en “la neblina” y no se paren a esperar a que se disipe. Si se detienen, cuando abra el día, se encontrarán parados en un cementerio.

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