Para entonces, la economía de gran parte del mundo estará sumamente afectada. ¿Qué se puede hacer para reactivar la economía y retomar la “normalidad”?

En principio algunos países ya han iniciado medidas. Aquellos que aún tienen “pólvora” en su política monetaria la están usando. Ese es el caso de Estados Unidos, bajando las tasas de interés e inyectando liquidez. Otros como Europa, ya la tienen mojada. Es decir, su brazo de política monetaria es casi estéril, al estar en niveles de liquidez importantes y tasas de interés al cero.

Pero tanto los europeos como los americanos, también piensan acompañarlas con medidas de carácter fiscal. El problema con estas medidas es que su capacidad de transmisión a la economía real muchas veces no es efectiva. Depende en gran medida del micro-management que se haga de estas.

La implementación “en el terreno” de dichas medidas es lo más importante. Ante una sociedad afectada trasversalmente es complejo escoger a quienes apoyar, tanto por “justicia” (por ejemplo los autónomos) como aquellos que es conveniente hacerlo por el bien común (por ejemplo los bancos).

Ningún país tiene los recursos suficientes para lanzar un plan totalmente transversal. Incluso ante el anuncio de Francia, de declarar moratoria a cuotas de seguridad social, hipotecas y alquileres, no es claro si puede asumir el costo y las repercusiones que podría tener. Por lo que creo que en lugar de ayudar ha generado más incertidumbre.

En España, por ejemplo, se habla de detener los desahucios, medida claramente popular. Sin embargo, es necesario considerar que aquellos que hoy estén en dicha situación no es causada por el Coronavirus, ya que un desahucio en Europa puede tardar de 2 a 3 años en procesarse. Por ende, siempre habrá la tentación de apoyar a personas vulnerables. Sin embargo, es necesario enfocarse en medidas que nos regresen a “la normalidad”.

El establecer moratorias o bien facilidades para el no pago de compromisos (hipotecas, impuestos, servicios sociales, etc) puede generalizar una cultura de no pago. Considero que es siempre mejor apoyar con créditos blandos, pero con un costo, a quienes no puedan hacer los pagos. De esta forma aquellos que no están afectados no los usarán y operarán “normalmente”. Y aquellos que requieran apoyos, los tengan. Conociendo en toda medida que cuando las cosas mejoren y en los plazos posibles se pondrán al corriente. Una política de no pago, alienta la reducción de la actividad y genera desconcierto en los prestadores de servicios (arrendatarios, bancos, etc). 

pedro valdez valderrama-cierre negocio

Por ende, creo que de forma inmediata, el estado debería establecer una política de créditos blandos para sostener el flujo de las empresas y los pequeños empresarios. En cuanto a servicios públicos, en más fácil de implementar que con el sector privado. Sin embargo, es una medida que da certidumbre al sistema.

Por otro lado, creo que bajo la situación actual de alta liquidez y tasas bajas, un mecanismo de expansión que tiene el estado es intervenir en la gestión de riesgo del sistema bancario.  Es decir, los bancos tienen dinero y a tasas bajas. Sin embargo, no prestarán ya que tanto la percepción de riesgo, como el coste de capital  son sumamente altas.

Bajo estas premisas, podríamos llegar a un escenario donde un sistema con exceso de liquidez no pueda funcionar para quienes más necesitan los recursos. En este sentido, es tarea del estado incidir y dar fluidez a los procesos de intermediación de los bancos. Garantías de riesgo, coberturas en capital, etc. Existen muchos instrumentos que podrían aplicarse por segmento y por sector.

Es fundamental tratar de evitar dilapidar recursos públicos en aquellas empresas que realmente no fueron afectadas o bien no lo requieren (para ello debe existir un costo para dichas ayudas). Por ejemplo, para un restaurante pequeño, un apoyo de 50-80 mil euros, puesto como un préstamo a largo plazo a una tasa adecuada (2-3%), tendrá un gran significado y en un par de años probablemente podrá ser repagado sin problemas.

Este financiamiento hoy no existe. Claramente ningún banco está dispuesto a hacerlo y muy probablemente el negocio tendrá que cerrar. Por lo que habrá que incidir y poner en marcha mecanismos que permitan a dicho restaurante acceder de inmediato a financiamientos blando. Aquel restaurante que no lo requiera, seguramente no lo solicitará, ya que no tienen sentido pagar un interés por algo que no es necesario. Probablemente, la cobertura que tenga que hacer el estado sobre dicha deuda sea de hasta el 100%. Sin embargo, está garantizando una transmisión de financiamiento al sector real y tal vez la incidencia en default sea menor al 10%. Con lo cual, el coste final de haber mantenido miles de negocios abiertos sea muy bajo.

Con lo cual, el coste final de haber mantenido miles de negocios abiertos sea muy bajo. Click To Tweet

Por lo que creo que la mayor parte de las medidas deben estar encaminadas hacia el regreso de la normalidad. Donde la economía, con una extraordinaria cultura de pago, se mantenga así. Y quienes necesiten apoyo lo encuentren no en limosnas, sino en mecanismos blandos, expeditos, útiles y de mercado.

No hay que olvidar que esto sólo intentaría regresarnos a la situación anterior al coronavirus, la cual ya era poco alentadora. Es necesario reflexionar sobre nuevos instrumentos de política, tal vez profundizar en las medidas de “transición energética” que se han iniciado en Europa, como comentaba hace unas semanas. Si bien retomar la “normalidad” es probablemente un espejismo y por tanto habrá que hacer mucho más que eso.

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