La COP25 parecía marcada para el fracaso. Primero, su forzado cambio de sede, derivado del “malestar en Chile”. Después, la acogida por un gobierno Español débil y con muchos más problemas, que le complicó afrontar el ya de por sí ajustado compromiso.

Al final, algunos logros, incluyendo la adopción del Plan de Acción de Género. Sin embargo, el esperado acuerdo sobre el mercado de bonos de carbono quedó en pausa. Se espera que se retome para la siguiente cita en… Glasgow, donde para esas fechas seguramente esta ciudad esté en un maremágnum político de cara a una posible independencia.

En fin, un mundo demasiado ocupado como para atender al mundo.

Mercado de bonos de carbono

Nunca he sido un fan de los mercados de carbono como medida estratégica para el combate del cambio climático. Me parece un mecanismo poco claro para el ciudadano y por lo tanto difícil de explicar para el político. En nuestras sociedades mediatizadas, permear una idea compleja hace que se pierda en el universo de las redes, los fake news  y demás.

Creo que el mercado de bonos de carbono nunca ha podido entrar en la sociedad. Nadie “de a pie” podría hoy explicar qué son y cómo funcionan, por ende, creo que es una herramienta que tendrá poco éxito.

Transición energética

Tal vez debiésemos abordar este reto de forma distinta y encontrar las oportunidades de una nueva economía que florezca cuidando al medio ambiente. La transición energética es un buen ejemplo. Ahí se están creando economías rentables, muchas de estas ya sin necesidad de subsidios u apoyos. El potenciar la transición energética tal vez es un mecanismo más palpable para el ciudadano. Son mecanismos locales que actúan sobre las empresas y familias de forma inmediata.

Además, para países como Alemania está resultando ser una herramienta perfecta para incentivar la inversión y así evitar entrar en recesión.  Para el mundo desarrollado, la transición energética es, en sí misma, un buen negocio.

Queda pendiente el mundo en desarrollo, donde tal vez no existe aún la oportunidad de cambiar de fuentes de energía, ya sea por falta de infraestructura, marco jurídico o mecanismos de inversión. Estos problemas de mercado no creo que se solventen a partir del mercado de bonos de carbono. Son “muy terrenales” y requieren de un acompañamiento a nivel local. Para ello tal vez sea necesario que los países ricos y pobres piensen en crear otro tipo de herramientas que funcionen a un nivel más local.

Banco Mundial

La humanidad en 1944 creó el Banco Mundial. Con esta herramienta se ha contribuido de forma importante, sobre todo las dos últimas décadas, al combate a la pobreza. Cuenta, además de herramientas financieras de equipos técnicos e infraestructura para atender las diversas dimensiones de la pobreza en el mundo.

Creo que, ante el reto del cambio climático, es oportuno pensar en una herramienta como el Banco Mundial. Pero esta vez enfocada para atender el cambio climático. Hoy existe el Global Environment Facility (GEF), sin embargo, es sólo una iniciativa más vinculada al Banco Mundial. Considero que la especialización de un Banco en estos aspectos, proveyendo no solo financiamiento sino asistencia técnica y seguimiento, puede ser la clave para lanzar una iniciativa de transición energética en los países empobrecidos.

Se necesitan muchos recursos y, sobre todo, involucrar al sector privado. Sin embargo, creo que iniciativas cofinanciadas o subsidiadas a nivel local podrían ser más eficaces y mucho más fáciles de transmitir al ciudadano, en especial en los países en vías de desarrollo. Los políticos pueden encontrar en estas herramientas mucho más eco en sus votantes. Un subsidio al transporte eléctrico es relativamente simple de transmitir y por tanto convencer a la ciudadanía en usar sus impuestos en ello.  El Banco (del cuidado) Mundial, puede ser una alternativa que valdría la pena explorar.

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