Ya olvídate del calentamiento global.

En nuestro mundo veneramos la tecnología. Se ha vuelto nuestro nuevo culto. Presenciamos grandes avances tecnológicos, como vehículos eléctricos y autónomos, las plataformas que ofrecen miles de servicios, millones de habitantes ya tienen un teléfono celular llenos de aplicaciones. Veneramos la tecnología más que nunca. Y por ello confiamos que mañana alguien inventará “algo” que hará desaparecer este incordio del calentamiento global.

Pensamos que “pasará como cuando ya no tuvimos que molestarnos en regresar un videotape o ir a revelar una foto”. Seguro que si a alguien le pagamos nos resuelve el problema, sin que tengamos mayor sacrificio que abonarnos a una cuenta más del AppleStore.

Sin embargo, todo hace ver que esta vez el gran tótem de la tecnología por sí solo no nos podrá salvar. El problema es distinto. Cada vez que generamos innovaciones que reducen el costo de la energía y nuestra huella de carbono, estos ahorros se trasladan en más consumo y no menos. Como trogloditas, rápidamente hacemos un “catch-up” y agotamos el exceso generado. Así ha pasado con el gas, fuente de energía no renovable, pero mucho menos contaminante. En los últimos treinta años hemos duplicado la extracción (de 1.4 a 3.2 trillones de metros cúbicos) y a pesar de ello su participación como combustible energético no supera 27%. Mientras el consumo de carbón, gracias principalmente a China, ha aumentado respecto del uso de gas como fuente primaria de energía (ver Vaclav Smil, Making the Modern World).

En el caso de la energía solar, los costos de generación han bajado más del 80% en los últimos veinticinco años, sin embargo, su participación en el balance energético mundial no ha cambiado prácticamente nada (ver David Wallace-Wells, The Uninhabitable Earth).

El efecto de las energías renovables

De hecho, el efecto de las energías renovables (en un escenario de mercado) es la disminución de la demanda y precio de los combustibles fósiles. Pero hay que recordar que la capacidad instalada en la industria del petróleo es brutal y puede seguir operando a precios muy bajos. Generando aún más demanda en países pobres y, aunque estas energías no son renovables, las reservas que tiene el planeta son suficientes para… ¡freírnos a todos!

“Mitigation trough better technologies may not do the trick; people´s consumption will need to fall. We may have to be content not only with cleaner cars, but also with smaller cars, or no cars at all”.

Banerjee y Duflo, Good Economics for Hard Times

Como mencioné en la nota anterior “El Mundo de los Objetos Innecesarios”, la única salida posible es reducir de forma dramática el consumo energético. Es claro que la tecnología nos ha ayudado a “desmaterializar” la sociedad. Por ejemplo, un Smartphone contiene en un solo device cientos de funcionalidades que suplantan a más de 25 artículos (cámaras, grabadoras, calculadoras, etc). También el tamaño de los teléfonos se ha reducido considerablemente. Del Motorola de 1970 con más de un kilo de peso a la actualidad con 100 gramos promedio por teléfono. El problema es que, si comparamos los 11 millones de teléfonos activos en 1990 con un promedio de 600 gramos vs los 6 billones actuales (de 100 gramos), “la masa material” paso de 7,000t a más de 700,000t masa compuesta de materiales que cuesta mucha energía obtenerlos y posteriormente se vuelven altamente contaminantes (Smil, ibídem).  La tecnología muchas veces lo que ha hecho es incrementar el consumo, al reducir los costos y generalizar el acceso, pero… ¡eso al planeta no le va bien!

Por eso, cada vez que la tecnología nos da una tregua, la aprovechamos y volvemos a consumir. Poniendo más presión a las fuentes de energía y materiales.

El cementerio de los Teslas

Por otro lado, la tecnología detrás de las energías renovables tiene una cara oculta, que comentamos en una nota anterior, ya que un panel solar no está hecho sólo de arena; para lograr la eficiencia, se necesitan muchos materiales como plata, cobalto, grafito, carbón, silicios, nickel,  litio, acero, concreto, etc., casi todos con procesos de extracción contaminantes y costosos.  

Uno de los aspectos que casi nunca se valoran es el costo implícito que tiene la basura tecnológica, ahí hay un pasivo ambiental que debiese considerarse y en todo caso alguien lo tiene que pagar. En una tercera entrega sobre este tema trataré de enlistar algunas estrategias para aprovechar la tecnología reduciendo también el consumo.

Es claro que esta vez no habrá forma de que alguien nos haga el trabajo sucio, en Amazon no venden abanicos suficientemente grandes para quitarnos la ola calor que viene.

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